Talleres Barriales: una herramienta en el modelo de integración social

“TE CONVIDO A CREERME CUANDO DIGO FUTURO…[1]”

Por: Laura Lencioni (Maestranda en Desarrollo Territorial – UTN FRRa) [2]

Suelen los capítulos de los libros clásicos de derecho, iniciarse con una explicación sobre el origen y la etimología de conceptos claves que componen el nombre de su título. Es una técnica repetida en la dogmática jurídica. A lo mejor, como un modo de romper el hielo con el novato estudiante de derecho, o una manera elegante de dar inicio a un texto que pretende revestir cierta envestidura, o un rito que se trae de antaño para rememorar al latín olvidado, o una manera de cuidar el lenguaje que usamos para conservar la función de las palabras de llamar a las cosas por su nombre. U otras cosas.

Silvio Rodríguez es un cantautor, guitarrista y poeta cubano, exponente característico de la música de su país surgida con la Revolución cubana, conocida como la Nueva Trova Cubana.

Silvio Rodríguez es un cantautor, guitarrista y poeta cubano, exponente característico de la música de su país surgida con la Revolución cubana, conocida como la Nueva Trova Cubana.

Entonces, de acuerdo a lo que la tradición indica, podríamos arrancar este texto expresando que, entre sus acepciones “convidar” es pedirle a otro que participe en una ceremonia o en una celebración; “futuro” nos habla de un tiempo que todavía no ha llegado y “creer” es utilizado en el sentido de dar crédito a lo que se dice. De esto trata el mensaje de estas líneas: invitar a formar parte de la ceremonia que implica aceptar como cierto y con confianza a ese tiempo que está por venir.

Desde el presente condicionamos a veces, voluntaria otras involuntariamente (se supone que consciente pero quizás también inconscientemente) aquello que existirá o sucederá. Nuestra realidad puede ser transformada en lo cotidiano desde diferentes lugares y de variadas maneras. Y acontece que, a veces, sólo notamos los cambios a largo plazo: de repente consecuencias nefastas se nos vuelven en contra o los astros se alinearon para que, sin que nos percatemos del momento exacto, nuestros sentidos perciban que hay algo distinto y que agrada, en el clima.

Aquí, la respuesta breve que se da a la pregunta por el querer decir de los conceptos utilizados, es un recurso que explicita el lugar desde el cual se reflexiona, desde donde “venimos llorados” para ser críticos de nuestras prácticas y creativos en las alternativas que construimos como sociedad.

¿Y en este convidar a creer, que tienen que ver los talleres barriales? Y viene aquí la segunda invitación de este artículo: visitar a la distancia aquella pequeña porción de nuestra realidad como ciudad, específicamente de aquellos talleres barriales destinados a niños y adolescentes.

Porque, “si no crees en mis ojos, cree en el brillo de un gesto”

Acercarse a esos espacios repletos de gestos, observarlos con asombro y entusiasmo y repensarlos, para que sus participantes, en este caso niños y adolescentes, sean sus reales protagonistas. Ese es el desafío.

¿De qué hablamos cuándo nos referimos a talleres barriales? ¿Cómo imaginamos la infancia y la juventud en estos días? ¿Inclusión social es sinónimo de integración social? ¿Cuál es el modelo que existe a la hora de pensar políticas públicas, programas y acciones desde un gobierno local con perspectivas de un desarrollo sostenible y sustentable? ¿Ese modelo que decimos sostener desde el discurso, lo teórico y la planificación, es el mismo que implementamos en la ejecución y en la política social perpetrada?

Son algunas preguntas, a las que el título de este artículo nos provoca y, detrás de las cuales, podemos ver vestigios de los modelos de abordaje tutelares o pequeños, aunque firmes y decisivos pasos de modelos que propagan a las personas como sujetos de derechos, con una impronta indiscutible de los derechos humanos, como fin y fundamento.

Pero, inevitablemente, surgen las dicotomías, y como siempre, las posturas antagónicas.

Nos sigue cantando Silvio Rodríguez:“si no crees en mis ojos, cree en la angustia de un grito”.

Si bien, no es la finalidad de este artículo el análisis de las consecuencias del sistema bautizado patronato sobre los niños y adolescentes que nos reguló durante ochenta años; nuestra historia y sobretodo la contradicción latente en el país durante los años que la Convención Internacional de los Derechos del Niño no tuvo recepción en la legislación interna, nos obliga a reflexionar sobre lo aprendido y aprehendido de esos reales gritos de angustia, con el Estado tutor y gran pater de todos aquellos menores en situación de riesgo social; que lejos de desaparecer, siguen dejando surcos en los pasillos institucionales. Y así, nos implora percatarnos de lo que predicamos, desde los discursos, comedir nuestras prácticas, continuar o recomenzar, según el caso.

Ubicándonos en uno u otro contexto, podemos pensar a los talleres barriales como actividades que vienen a llenar espacios ocios en las agendas de nuestros infantes y jóvenes, colmando a esos territorios que percibimos escasos de recursos de todo tipo, con variedad de quehaceres a mansalva. O animarnos a programarlos como lugares de encuentro entre pares y vecinos que, potencian el despertar y desarrollo de capacidades que ya existen y hacen a la real construcción de ciudadanía.

Y resuena “cree en la tierra, cree en la lluvia, cree en la savia.”

También podemos elegir entre ver a los niños, a las niñas y a los adolescentes como “persona-objeto” de tutela estatal, con los jueces como padres suplantando progenitores incapaces de crianza. O posicionándonos como adultos comprendiendo que se trata de personas, es decir, de sujetos de derechos.

Y con la convicción en la creencia de que “hay veinte mil nuevas semillas en el valle desde ayer” y, con ellas, historias y vivencias merecedoras de ser escuchadas y tenidas en cuenta, fortalezas y debilidades que ameritan ser consideradas, en lugar de desmerecidas o negadas.

Y en las crisis y conflictos que se suscitan, disponer de la judicialización o del fortalecimiento familiar, como opciones. Así, hay modos de abordajes predicadores de una pedagogía que sólo es efectiva y eficaz porque involucra procesos judiciales en los que el bien más valioso es la pena, y la gloria se alcanza con la rigurosidad de su aplicación.

Y otros, que no niegan y asumen que “HAY RESTOS DE DESESPERADOS, HAY EL HOMBRE Y SU MUJER” y sostienen una pedagogía de la ciudadanía mediante el respeto del pleno desarrollo personal y la consideración de los ambientes familiares, sociales y culturales de cada cual. ”PORQUE LOS HIERROS SE FUNDIERON YA, HAY LA PACIENCIA Y QUEDA MÁS.”

Es necesario aclarar que la forma de reflexionar binaria, sólo es a los fines de preguntarnos hacía dónde queremos ir con los abordajes que hacemos de la infancia y de la juventud; y de ninguna manera intenta eludir ni desconocer que, en este tiempo de transición de paradigmas, conviven ambas posturas con todos los matices intermedios posibles. Si bien, desde la teorización, se exponen como opuestas y contradictorias, en la realidad se materializan complejizando los fenómenos sociales. Y la conciencia sobre ello es esencial.

hay un país de roca en ruinas bajo otro país de pan

Interrogarnos sobre las palabras que utilizamos, es fundamental para reposicionar nuestro accionar en la construcción del proceso por el cual, al mismo tiempo e indefectiblemente, transitamos. En marcha hacia ese país de pan.

El contrapuesto de la inclusión es la exclusión. Por lo tanto, si hablamos de políticas sociales que incluyen, presuponemos la existencia de otros que se encuentran excluidos: fuera de una normalidad preestablecida (aquí, la pregunta sería por quién o por qué). Dicha normalidad nos incluye a algunos, que somos los que por el hecho de estar incluidos, debemos generar la incorporación del otro, imposibilitado por si mismo de absorber aquellos parámetros normales.

Mientras que a la integración le subyace un todo. Un conjunto formado, que de darse su antítesis, la desintegración, nos deja una realidad descompuesta en los elementos que la conforman. Y que exige una aceptación de las diversidades que los sujetos sociales presentan, para componer y construir lo que aparece desunido. Simboliza reflexionar sobre el “otro” como otro legítimo que existe y convive, que merece participar y exige mutuo reconocimiento, en el todo social democrático. Significa reconocer que, en el territorio, se reproducen desigualdades estructurales y creadas, que ameritan ser captadas, para la incubación y gerenciamiento de oportunidades, por parte del Estado.

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Nobleza obliga a reconocer que nada está dicho ni definido. Es la complejidad en la que nos coloca la revolución que sobre lo dado, genera el cambio que cuestiona. Y esa complejidad, no admite la toma de postura por ninguna versión romántica.

No debemos olvidar que más de ochenta años de patronato han fracasado, y que la conciencia acerca de las consecuencias nefastas de ese desengaño, hace a la toma de responsabilidad, no sólo por parte del Estado sino de la Sociedad Civil en general, del desafío que conlleva toda mutación. Ahora bien, lo dicho hasta el momento, ¿qué influencia tiene en las políticas públicas sociales locales?

Concebir a la infancia y a la adolescencia, como épocas del desarrollo efectivas y progresivas, al mismo tiempo que generadoras y propulsoras de la autonomía personal en todas sus dimensiones: ubica a nuestros niños, niñas y jóvenes en un rol protagónico como actores estratégicos, portadores de palabra, deseos, opiniones e informaciones merecedores de ser considerados. ¿Cómo? a través de procesos y acciones con reales grados de participación, que perciban la meta de la enseñanza de principios y valores democráticos y el desenvolvimiento de ellos en espacios organizativos. En esta lógica de razonamiento, el ejemplo acá abordado, es el dado por los talleres barriales.

Para iniciar, es necesario aclarar, que estos constituyen sólo una herramienta… Y que es imposible su utilización de manera aislada, sin un entorno desde lo institucional y multidimensional, que los avale y corteje. Forman parte de un sistema, el constituido por las políticas públicas sociales, que los contiene, les da sentido, y que pregona un real desarrollo cultural y educativo comunitario.

De lo contrario, encontraremos en el territorio una innumerable variedad de dispositivos desconectados, yuxtapuestos, incoherentes, desarticulados y desconectados; más o menos duraderos en el tiempo, con meras actividades vacías de contenidos. En el fondo, lo que hay y lo que se predica es lo que entendemos por desarrollo, territorio, cultura, seguridad, educación.

Siguiendo esta línea de reflexión, se proponen lineamientos a fines de interrogarnos y repensar los talleres barriales; concibiendo a estos espacios como lugares propulsores del encuentro entre pares y fortalecedores de la vinculación humana; instrumentos al servicio de un nuevo desarrollo comunitario. La generación de oportunidades, supone posicionarse –sin esfuerzos, ni vericuetos, ni excusas- desde un lugar proactivo, positivo, optimista, empático y fundamentalmente con una trabajada y consciente capacidad de tolerancia a las frustraciones. A las frustraciones ajenas, pero principalmente a las propias. Pararse con alegría y expectativas, pero sin ansiedades. Sin prisa pero sin pausa, porque lo que trasciende en definitiva, es la persona con sus tiempos, que deben ser respetados.

“YO TE CONVIDO A CREERME CUANDO DIGO FUTURO.”

Laura Lencioni (Maestranda en Desarrollo Territorial – UTN FRRa)

Laura Lencioni (Maestranda en Desarrollo Territorial – UTN FRRa)

[1] Se toma prestada la canción de Silvio Rodríguez, “Te convido a creerme cuando digo futuro” para impregnar con sentido el desarrollo de este artículo. Algunas de sus partes dan contenido al título y al subtítulo, mientras con otras, se cuelan por sí mismas en el texto general…
A veces hay palabras que no podemos controlar y que diciendo “tochi” sorpresivamente )en este caso en mayúsculas y entre comillas) nos hacen saber que nos han pillado… que nos han encontrado, simplemente porque allí están. Presentes.
 
[2] Editorial, es una sección que hemos creado para que los y las profesionales vinculados a la red de ConectaDEL y/o en otras redes relacionadas al desarrollo territorial, encuentren un espacio de opinión y reflexión. Los textos aquí incluidos son responsabilidad del autor (a) y no reflejan la opinión del Programa ConectaDEL (FOMIN/BID). Para mayor información escriba a info@conectadel.org
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